Túneles oscuros, espacios luminosos y sensaciones de estar fuera del cuerpo forman parte de los relatos de quienes aseguran haber estado al borde de la muerte.
¿Qué ocurre cuando una persona está a punto de morir? ¿Existe realmente una luz al final de un túnel o se trata de una percepción generada por el cerebro en condiciones extremas? Durante décadas, las experiencias cercanas a la muerte han despertado fascinación, alimentado creencias espirituales y planteado preguntas que la ciencia todavía intenta responder.
Uno de los relatos más conocidos es el de quienes aseguran haber atravesado un túnel oscuro hasta llegar a una luz intensa, una experiencia que muchas personas interpretan como una señal de transición hacia otra existencia. Sin embargo, no todos describen lo mismo, pues algunos recuerdan espacios inmensos, horizontes curvos, colores extraordinarios o la sensación de encontrarse dentro de un universo que los rodeaba completamente.
Ahora, una investigación publicada en la revista científica Frontiers in Psychology propone que estas experiencias podrían ser menos uniformes de lo que tradicionalmente se pensaba, al identificar patrones en la manera en que las personas recuerdan y representan visualmente los espacios que percibieron durante esos momentos.
Un fenómeno que desafía las explicaciones tradicionales
Las experiencias cercanas a la muerte suelen aparecer en relatos de personas que atravesaron situaciones críticas, como accidentes, emergencias médicas o episodios en los que estuvieron inconscientes y posteriormente recuperaron la vida.
Entre las sensaciones que más se repiten se encuentran la percepción de una luz intensa, el desplazamiento a través de espacios desconocidos, la impresión de observar el propio cuerpo desde fuera y una profunda sensación de tranquilidad o desconexión del entorno.
Aunque estos testimonios comparten características, también presentan diferencias importantes, especialmente cuando las personas intentan explicar la forma, el tamaño y la apariencia de los lugares que aseguran haber experimentado.
Precisamente, estos detalles despertaron el interés de los investigadores, quienes consideraron que analizar únicamente los relatos verbales podría dejar fuera información importante sobre la manera en que el cerebro construye estas percepciones.
La investigación que convirtió los recuerdos en imágenes
La investigadora en neurofenomenología France Lerner, de la Universidad de Haifa, en Israel, buscó estudiar estas experiencias desde una perspectiva visual, con el objetivo de comprender mejor cómo las personas recuerdan los espacios que percibieron durante momentos cercanos a la muerte.
Para ello, reunió a 50 personas que afirmaban haber vivido una experiencia de este tipo y les pidió reconstruirla mediante dibujos durante sesiones guiadas en línea.
Los participantes utilizaron un catálogo de pictogramas geométricos que les permitió representar las formas de los espacios, señalar dónde se encontraban ellos mismos dentro de esas escenas, describir cómo se desplazaban y seleccionar los colores que recordaban.
Posteriormente, los investigadores compararon las reconstrucciones para identificar características que aparecieran de manera recurrente, incluso entre personas que habían vivido situaciones completamente diferentes.
Lo que encontraron fue especialmente llamativo, pues detrás de relatos individuales comenzaron a aparecer estructuras visuales que podían agruparse en categorías reconocibles.
Cuatro formas de representar lo que hay más allá
El análisis permitió identificar cuatro grandes categorías espaciales dentro de las experiencias relatadas por los participantes.
La primera correspondía a los espacios cónicos, donde se incluían las experiencias descritas como túneles, con una sensación de desplazamiento hacia un punto determinado.
La segunda categoría estaba formada por espacios amplios y curvos, en los que las personas recordaban encontrarse dentro de escenarios de grandes dimensiones, con superficies que parecían extenderse hacia horizontes lejanos.
La tercera reunía espacios más planos, caracterizados por curvas suaves y una percepción menos profunda del entorno.
Finalmente, la cuarta categoría correspondía a espacios envolventes, donde los participantes describían la sensación de estar completamente rodeados por el escenario, como si se encontraran dentro de una esfera.
Estas diferencias sugieren que las experiencias cercanas a la muerte no necesariamente consisten en una única visión universal, sino que pueden presentar distintas configuraciones perceptivas, desde la sensación de avanzar por un túnel hasta la impresión de estar inmerso en un espacio infinito.
El misterio de los colores: túneles oscuros frente a espacios luminosos
Uno de los hallazgos más interesantes apareció cuando los investigadores analizaron los colores asociados con cada tipo de espacio.
De las 28 experiencias clasificadas como cónicas, 22 fueron descritas en tonos negros, blancos, grises o con colores difíciles de identificar, lo que mostró una predominancia de percepciones acromáticas.
En contraste, 27 de los 31 espacios amplios y curvos fueron recordados con colores, una diferencia que llamó especialmente la atención por la manera en que contrastaba con las experiencias de túneles oscuros.
Las otras dos categorías presentaron una combinación de espacios coloridos y acromáticos, lo que reforzó la idea de que las experiencias visuales pueden variar considerablemente dependiendo de sus características.
Para los investigadores, esta relación entre la geometría del espacio y los colores percibidos podría ofrecer pistas sobre los procesos visuales involucrados, aunque todavía no permite establecer una explicación definitiva sobre el origen de estas experiencias.
¿Puede el cerebro crear la sensación de un túnel?
Una de las posibles explicaciones relacionadas con las experiencias de túneles es la reducción del campo visual, un fenómeno que puede aparecer cuando disminuye el suministro de oxígeno a la retina o al cerebro.
En determinadas circunstancias, la alteración de las funciones visuales puede provocar que la percepción del entorno se vuelva más limitada, generando una sensación de visión estrecha o concentrada hacia una zona central.
Además, cuando la iluminación es escasa, los mecanismos responsables de la visión nocturna adquieren mayor protagonismo, mientras que la percepción de los colores pierde precisión.
Esto podría ayudar a comprender por qué algunos participantes describieron espacios oscuros o con tonalidades poco definidas, aunque no significa que todas las experiencias cercanas a la muerte tengan necesariamente esta causa.
La investigación también encontró una diferencia importante entre los túneles y los espacios amplios y coloridos, lo que abrió la posibilidad de explorar otros fenómenos relacionados con la percepción visual.
El efecto Ganzfeld y las imágenes que aparecen sin un estímulo claro
Los espacios amplios y coloridos descritos por algunos participantes presentan semejanzas con el llamado efecto Ganzfeld, un fenómeno perceptivo que puede producirse cuando una persona permanece expuesta a un campo visual uniforme, sin cambios significativos en sus características.
En determinadas condiciones, la ausencia de estímulos visuales definidos puede favorecer la aparición de percepciones inusuales, incluyendo colores, formas o imágenes que no corresponden directamente con el entorno.
Este fenómeno ha sido estudiado en relación con las alteraciones de la percepción y las experiencias visuales, pero su semejanza con algunos relatos cercanos a la muerte no demuestra que ambos procesos sean idénticos.
Los investigadores consideran que estas coincidencias podrían ayudar a formular nuevas preguntas sobre la manera en que el cerebro interpreta la información visual cuando se encuentra bajo condiciones extraordinarias.
¿La ciencia encontró una explicación de lo que ocurre después de morir?
Aunque los resultados ofrecen una perspectiva novedosa sobre las experiencias cercanas a la muerte, es importante distinguir entre lo que las personas recuerdan haber vivido y lo que científicamente puede demostrarse.
El estudio no establece que exista un túnel hacia otra dimensión, tampoco confirma la existencia de una vida después de la muerte ni determina qué sucede con la conciencia cuando el organismo deja de funcionar.
Lo que sí aporta es una forma diferente de estudiar los testimonios, al mostrar que las experiencias pueden presentar patrones espaciales y visuales que se repiten entre diferentes personas.
También demuestra que los relatos no siempre son fáciles de describir con palabras, por lo que utilizar dibujos y reconstrucciones visuales puede ayudar a identificar detalles que de otra manera pasarían desapercibidos.
Sin embargo, al tratarse de recuerdos personales reconstruidos después de los acontecimientos, todavía existen limitaciones para determinar con precisión cuándo ocurrieron las percepciones, qué condiciones las provocaron y cómo fueron interpretadas posteriormente.
Una pregunta que sigue abierta
Las experiencias cercanas a la muerte continúan siendo uno de los fenómenos más fascinantes para quienes buscan comprender la relación entre el cerebro, la conciencia y la percepción humana.
La aparición de túneles, espacios luminosos, colores intensos y sensaciones de estar fuera del cuerpo puede ofrecer información valiosa sobre los mecanismos que participan en estas experiencias, pero todavía no permite responder de manera definitiva qué ocurre cuando una persona se encuentra al borde de la muerte.
El estudio publicado en Frontiers in Psychology abre una nueva línea de investigación al demostrar que, detrás de los relatos individuales, existen patrones visuales que pueden analizarse científicamente.
Por ahora, la pregunta sobre qué hay más allá de la muerte permanece abierta, mientras la ciencia continúa explorando una de las experiencias humanas más profundas y difíciles de comprender.

