¿Moda pasajera o nueva forma de autoexploración juvenil?

En los últimos meses, especialmente en redes como TikTok e Instagram, ha cobrado fuerza un término que despierta curiosidad, debate y también polémica: therian.
Algunos lo asocian con jóvenes que usan máscaras de animales o colas, otros lo vinculan con espiritualidad alternativa, y no faltan quienes lo consideran simplemente una moda viral. Pero ¿qué es realmente el fenómeno therian?, ¿de dónde surge?, ¿y hacia dónde podría evolucionar?
¿Qué es un therian?
El término therian proviene del griego thērion, que significa “bestia” o “animal salvaje”.
Un therian es una persona que afirma identificarse a nivel psicológico, espiritual o simbólico con un animal no humano específico. No se trata de creer que físicamente se es un animal, sino de sentir una conexión profunda e interna con uno.
Este fenómeno forma parte de una comunidad más amplia conocida como otherkin, un movimiento surgido en foros de internet en los años noventa, donde algunas personas expresaban identificaciones no humanas, ya sea con animales o criaturas mitológicas.
La mayoría de los therians distinguen claramente entre identidad interna y realidad biológica.
¿Cómo surgió el movimiento?
El movimiento moderno comenzó en comunidades digitales de los años noventa, principalmente en foros y grupos de discusión tempranos en internet.
En esa etapa, el fenómeno tenía un carácter más introspectivo y espiritual, con debates sobre identidad, conciencia y experiencias subjetivas.
Con la expansión de redes sociales visuales como TikTok, el fenómeno cambió de formato, pasó de ser un debate filosófico a convertirse en una expresión estética y performativa.
Aquí aparece también el término quadrobics, una práctica donde jóvenes corren o saltan imitando el movimiento de animales, lo que ha viralizado aún más la tendencia.
Identidad psicológica, espiritualidad o moda
El fenómeno puede analizarse desde varios ángulos.
Primero, como una búsqueda de identidad en la era digital. La adolescencia y juventud siempre han sido etapas de exploración identitaria. En un mundo hiperconectado, internet ofrece comunidades donde cualquier sentimiento encuentra eco. El therianismo puede verse como una forma de explorar la identidad fuera de las categorías tradicionales.
Segundo, como expresión de espiritualidad contemporánea. Algunos lo viven como una conexión simbólica con la naturaleza o con un “animal interior”, algo que recuerda prácticas antiguas reinterpretadas en clave moderna.
Tercero, como cultura de performance digital. Las redes sociales premian lo visual y lo llamativo. Las máscaras, las colas y los movimientos animales generan impacto visual, lo que favorece su viralización.
Controversias y críticas
El fenómeno no está exento de críticas.
Algunas personas lo consideran una moda exagerada impulsada por algoritmos. Otros lo ven como una manifestación más de la diversidad identitaria contemporánea.
También existe preocupación cuando la línea entre juego, expresión artística e identidad psicológica no está claramente definida, especialmente en menores de edad.
Hasta ahora no existe consenso académico que lo catalogue como trastorno, siempre que no implique pérdida de contacto con la realidad.
¿Hacia dónde podría evolucionar?
Existen varios escenarios posibles.
Podría diluirse como muchas tendencias nacidas en TikTok, perdiendo fuerza cuando el algoritmo cambie de foco.
Podría consolidarse como subcultura estable, similar a otros movimientos digitales que comenzaron como fenómenos marginales y terminaron formando comunidades organizadas.
O podría integrarse en debates más amplios sobre identidad, cuerpo y conciencia en la era digital.
Reflexión final
Más allá de la polémica, el fenómeno therian refleja una característica profunda de nuestro tiempo, la necesidad de pertenencia, expresión y conexión simbólica.
En una sociedad cada vez más digitalizada, muchos jóvenes buscan identidad en espacios alternativos.
Sea moda, expresión simbólica o espiritualidad emergente, el fenómeno therian abre una conversación más amplia sobre cómo las nuevas generaciones construyen sentido y redefinen su lugar en el mundo.