El acueducto sostiene a 9 de cada 10 familias bajacalifornianas, una cifra que ilustra el peso histórico de esta obra.

Hace 51 años comenzó a levantarse una de las obras que redefinió la vida en Baja California, el Acueducto Río Colorado–Tijuana, una infraestructura que hoy continúa siendo la columna vertebral del suministro de agua para la mayor parte del estado.

Desde su construcción en los años setenta, el acueducto ha requerido intervenciones constantes para sostener el ritmo de una región en crecimiento, en el último tramo de su historia se han destinado más de 527 millones de pesos a trabajos de rehabilitación y mantenimiento, esfuerzos que han permitido mantener en operación un sistema del que dependen millones de personas.

El acueducto sostiene a 9 de cada 10 familias bajacalifornianas, una cifra que ilustra el peso histórico de esta obra, su funcionamiento continuo no solo garantiza agua para las ciudades más pobladas del estado, también permitió dejar atrás los tandeos que durante años marcaron la vida cotidiana en la zona costa.

A la par de su mantenimiento, Baja California explora nuevas rutas para asegurar el agua del futuro, entre los proyectos en marcha destacan las plantas desalinizadoras de Playas de Rosarito y San Quintín, además de iniciativas de reúso apoyadas en instalaciones como “Ing Arturo Herrera” y “La Morita”, piezas clave para reducir la dependencia del acueducto y diversificar las fuentes del recurso hídrico.

En el corazón de esta historia permanecen los técnicos y operadores que recorren desierto y montaña para mantener vivo el sistema, son ellos quienes vigilan día y noche el trayecto de más de 125 kilómetros que el agua recorre impulsada por seis plantas de bombeo, un circuito que abastece a Tijuana, Tecate, Playas de Rosarito y Ensenada y que continúa siendo un pilar silencioso del desarrollo en la región.