La salida del funcionario ocurrió luego de la fuerte presión ejercida por integrantes del plantón instalado el fin de semana.
La renuncia de Alberto Sarabia Espinoza como titular de la Dirección de Seguridad y Protección Ciudadana del Ayuntamiento de San Quintín no fue un acto voluntario ni un gesto administrativo, como quiso presentar el gobierno municipal en su versión oficial, la salida del funcionario ocurrió luego de la fuerte presión ejercida por integrantes del plantón instalado el fin de semana, quienes denunciaron incrementos injustificados de impuestos, opacidad financiera y presuntos actos de corrupción en la administración local.
Durante el encuentro que sostuvieron los manifestantes con el secretario general de Gobierno de Baja California, Alfredo Álvarez Cárdenas, se presentó una lista de exigencias para frenar el descontento social, entre ellas la destitución inmediata de Sarabia Espinoza, señalando su falta de resultados y la desconfianza que generaba su permanencia al frente de la corporación, la presión ciudadana fue determinante para que el ayuntamiento cediera.
Aun así, la administración municipal difundió una postura oficial basada en un oficio en el que Sarabia Espinoza “agradece la confianza” de la alcaldesa Míriam Elizabeth Cano Núñez y asegura haber encabezado la corporación “de manera transparente y comprometida con el bienestar de la ciudadanía”, una narrativa que contrasta frontalmente con las denuncias hechas desde hace meses por habitantes de distintas delegaciones.
La alcaldesa Cano replicó el discurso institucional al agradecer el “tiempo de servicio” del ahora exdirector, omitiendo las razones reales que forzaron su salida, mientras intentó transmitir normalidad al anunciar que Christian Hinojosa Chávez asumirá de manera interina la Dirección de Seguridad y Protección Ciudadana.
Hinojosa Chávez, con trayectoria en la SEDENA y la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana, llega en un momento de tensión y desconfianza hacia las autoridades municipales, un contexto que exigirá más que discursos para recuperar la credibilidad perdida ante una población que, una vez más, tuvo que recurrir a la presión social para ser escuchada.

