La enfermedad de Chagas, transmitida por la llamada chinche besucona, dejó de ser un problema exclusivo de América Latina y ahora es una amenaza de salud pública en Estados Unidos.
La enfermedad de Chagas, transmitida por la llamada chinche besucona, dejó de ser un problema exclusivo de América Latina y comienza a consolidarse como una amenaza de salud pública en Estados Unidos, donde ya se han confirmado casos en al menos 32 estados, según informaron autoridades sanitarias.
También conocida como tripanosomiasis americana, esta infección parasitaria puede provocar daños graves en el corazón y el aparato digestivo, aunque históricamente se asociaba con zonas rurales y comunidades marginadas de América Latina, su propagación en territorio estadounidense enciende las alertas de expertos y del propio Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
El parásito suele transmitirse a través de insectos infectados que chupan sangre y que, al morder principalmente el rostro, dejan excrementos contaminados, sin embargo, también puede propagarse por alimentos, transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos o de madre a hijo durante el embarazo.
Con los recientes hallazgos, Estados Unidos se suma a los 21 países latinoamericanos que ya son considerados endémicos, un cambio de panorama que, de acuerdo con especialistas, desnuda las fallas en la capacitación médica y en la detección oportuna, consecuencia de haber mantenido la etiqueta de “no endémico” durante años.
La magnitud del problema no es menor, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cerca de 7 millones de personas en el mundo conviven con este parásito, aunque cifras del CDC elevan la estimación a 8 millones, de ellos, alrededor de 280 mil residen en Estados Unidos, muchos sin saberlo.
Además, se han confirmado casos autóctonos en por lo menos ocho estados, con una incidencia mayor en Texas, lo que refuerza la urgencia de abordar al Chagas como un reto sanitario que ya no reconoce fronteras.

