En un emotivo acto de transformación y esperanza, diez adolescentes en conflicto con la ley culminaron sus estudios de primaria y secundaria dentro del Centro de Internamiento para Adolescentes.
En un emotivo acto de transformación y esperanza, diez adolescentes en conflicto con la ley culminaron sus estudios de primaria y secundaria dentro del Centro de Internamiento para Adolescentes (CIA) de Tijuana, mientras que otros 17 jóvenes concluyeron satisfactoriamente los programas de atención psicológica y talleres formativos, marcando un paso firme hacia su reintegración social.
El evento de graduación cargado de emoción y simbolismo, fue encabezado por el titular de la Comisión Estatal del Sistema Penitenciario de Baja California (CESISPE), José Gabriel Gálvez Beltrán, quien estuvo acompañado por la Jueza de Control para Adolescentes del Poder Judicial del Estado, Verónica Haydee Jiménez Balderas, y la Jefa de la Unidad Operativa del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA), Irene Walther Serrano.
«Este no es solo un acto académico. Es un reconocimiento profundo al valor de quienes decidieron cambiar su rumbo y apostaron por la superación personal a pesar de las circunstancias», expresó con firmeza el comisionado Gálvez Beltrán. Subrayó que la educación, la terapia y el acompañamiento emocional son herramientas poderosas para reconstruir la vida y abrir nuevas oportunidades.
Durante la ceremonia, también se entregaron constancias a jóvenes que participaron en los talleres de la asociación civil “Jóvenes con rumbo”, así como en los programas de modificación de conducta y orientación emocional, impulsados en coordinación con el Instituto de Psiquiatría de Baja California, estos espacios han sido claves para fomentar el desarrollo integral de quienes buscan nuevas formas de relacionarse consigo mismos y con la sociedad.
«Verlos culminar un ciclo educativo dentro de estas instalaciones es prueba de que es posible transformar vidas desde el compromiso, la constancia y el acompañamiento adecuado», afirmó el comisionado.
El acto no solo fue una ceremonia de clausura: fue un mensaje poderoso de que la reinserción social no es un ideal lejano, sino una realidad que se construye paso a paso, con educación, apoyo psicosocial y sobre todo, con la voluntad de cada joven que decide volver a empezar.

