La Ruta Wixárica de México, un ancestral camino de más de 500 kilómetros que conecta territorios sagrados de los pueblos indígenas del occidente y centro-norte del país, fue inscrita este sábado en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, la decisión marca un hito histórico para la preservación del legado espiritual, cultural y ecológico del pueblo wixárica, también conocido como huichol.

Seleccionada entre más de 30 candidaturas internacionales incluyendo los alineamientos megalíticos de Carnac en Francia y los castillos del rey Luis II de Baviera en Alemania, la ruta fue reconocida por el Comité del Patrimonio Mundial como “un testimonio excepcional de las tradiciones culturales continuas del pueblo Wixárica”.

Este trayecto precolombino une los estados de Jalisco y San Luis Potosí y atraviesa al menos 20 sitios sagrados donde los wixáricas realizan peregrinaciones que reafirman su vínculo con símbolos esenciales de su cosmovisión: el maíz, el venado, el águila real y el peyote, esta última, una cactácea con propiedades alucinógenas, ha atraído tanto a estudiosos como a turistas en busca de experiencias «místicas», provocando tensiones y daños a los territorios ceremoniales.

Desde hace años, los pueblos wixárikas han denunciado la mercantilización de sus espacios sagrados y la invasión de foráneos que, aseguran, profanan, contaminan y trivializan sus rituales. “Nuestros sitios de adoración se han convertido en mercancía y espectáculo para una industria turística ajena a nuestro sentir”, advirtieron los representantes indígenas en un diálogo con autoridades federales en 2022.

Uno de los puntos más afectados es Wirikuta, considerado el corazón espiritual del recorrido, en 2023, el Estado mexicano lo reconoció oficialmente como sitio sagrado, al igual que el resto del trayecto ceremonial, sin embargo, las amenazas persisten: intereses turísticos, expansión urbana y proyectos mineros siguen acechando este corredor espiritual.

En su recomendación a México, la UNESCO urgió a frenar toda actividad minera en la zona y reforzar los mecanismos de protección para evitar la urbanización desmedida, el reconocimiento internacional llega como una oportunidad, pero también como un llamado urgente a garantizar que este camino sagrado no se borre bajo el peso de la explotación y el olvido.