En una votación al filo del abismo, el Senado de Estados Unidos aprobó el controvertido plan fiscal del presidente Donald Trump, que incluye un nuevo y polémico impuesto del 1% a las remesas enviadas por migrantes, medida que ha desatado una ola de indignación en comunidades latinas.

La iniciativa, que avanzó por un estrecho margen de 51 votos contra 50, necesitó del desempate del vicepresidente JD Vance, luego de que tres senadores republicanos rompieran filas con su partido, Thom Tillis (Carolina del Norte), Susan Collins (Maine) y Rand Paul (Kentucky) se pronunciaron en contra, denunciando los recortes “crueles” en salud, energía renovable y asistencia alimentaria para los sectores más vulnerables.

Aunque el Senado aprobó un gravamen del 1%, la versión de la Cámara de Representantes plantea un impuesto aún más severo del 3.5%, el proyecto ahora regresa a la Cámara Baja, donde enfrentará una última revisión y un voto final antes de ser enviado al escritorio de Trump, quien ha exigido tenerlo firmado a más tardar el 4 de julio, una fecha cargada de simbolismo patriótico.

Mientras tanto, en Florida, el mandatario celebró el avance legislativo desde el nuevo centro de detención “Alligator Alcatraz”, donde fue recibido entre vítores por simpatizantes que aplaudieron la noticia como una victoria más en su cruzada económica y migratoria.

La jornada cerró un fin de semana de alta tensión en el Capitolio, donde la presión, los cabildeos de último minuto y el descontento social mantuvieron en vilo la viabilidad del plan, aun así, Trump logró lo que parecía tambalearse entre el colapso político y la imposición fiscal: una aprobación que reaviva viejas heridas y promete nuevas batallas en las calles y en los tribunales.