Una influencer extranjera propuso organizar un festival en Playa del Carmen para pintar murales sobre grafitis ya existentes, argumentando que quería “embellecer” los muros con imágenes más “bonitas”. La iniciativa generó indignación entre mexicanos quienes señalaron apropiación cultural, borrado del arte urbano local y falta de respeto hacia la comunidad y el país donde se aloja.