24/04/2025: En medio del tañido solemne de las campanas de la Basílica de San Pedro y la teatralidad única de una institución milenaria como la Iglesia católica, el papa Francisco emprendió su última travesía este miércoles por la mañana, el féretro del pontífice fue trasladado desde la Casa Santa Marta, el hogar sencillo que eligió en lugar del Palacio Apostólico, hasta el altar mayor de la Basílica de San Pedro, en una ceremonia cargada de simbolismo y emociones.
El acto comenzó con una oración en latín, encabezada por el cardenal camarlengo, Kevin Farrell, mientras los coros de la Capilla Sixtina llenaban el aire de solemnidad, el féretro, de madera simple y cubierto por un paño rojo, avanzó lentamente sobre los hombros de 14 sediarios con moños y guantes blancos, flanqueados por alabarderos de la Guardia Suiza con sus trajes a rayas y penitenciarios portando estolas rojas y antorchas encendidas.
Francisco, el Papa que decidió vivir sin oropeles y entre gente común, rompió moldes desde el inicio de su pontificado, rechazó instalarse en la fastuosidad del Palacio Apostólico y eligió vivir en Santa Marta, un modesto hotel vaticano destinado originalmente a albergar cardenales durante los cónclaves. “Me hubiera vuelto loco quedándome en esa jaula de oro”, solía decir el pontífice argentino, que prefirió la cercanía y la comunidad al aislamiento del poder.
Desde allí partió esta mañana la procesión, en la que participaron 80 cardenales vestidos de rojo, muchos recién llegados de distintos rincones del mundo para el próximo cónclave, entre ellos, visiblemente afectado, marchaba el cardenal argentino Leonardo Sandri, amigo de Bergoglio desde sus años de formación en el seminario de Villa Devoto.
La procesión cruzó la plaza de los Protomártires y entró en la Plaza de San Pedro a través del Arco de las Campanas, mientras miles de fieles seguían el momento desde pantallas gigantes, al ingresar el féretro a la Basílica, un aplauso espontáneo y cargado de afecto rompió el silencio, bajo las notas de las letanías entonadas por el coro, el cuerpo de Francisco fue llevado hasta el Altar de la Confesión, bajo la sombra del majestuoso baldaquino de Bernini.
El féretro fue colocado sobre una tarima de madera, sin catafalco, tal como lo pidió el propio Francisco: sin excesos, con humildad, el cardenal Farrell roció agua bendita e incienso sobre el cuerpo del Papa, ataviado con mitra blanca y casulla roja, dando inicio a la Liturgia de la Palabra, se rezó por el descanso del pontífice, por la Iglesia, por los pueblos del mundo y por los fieles presentes, con la esperanza de un reencuentro en el reino de los cielos.
En un Vaticano bañado por el sol y la emoción colectiva, el Papa venido del fin del mundo fue despedido con todos los honores… pero fiel a su estilo: con sencillez.

